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lunes, 18 de abril de 2011

ALEJANDRO MAGNO & HEFESTIÓN (RELACIÓN AMOROSA)

Alejandro Magno construyó uno de los mayores imperios conocidos de la antigüedad. Alejandro tuvo una intensa relación homosexual con su amigo de la infancia, su compañero de armas, su mano derecha e íntimo aliado Hefestión. Este era un joven apuesto y hermoso de su misma edad que siempre se caracterizó por un profundo amor y una devoción absoluta hacia Alejandro. Entre ambos existía una verdadera y profunda relación amorosa digna de un cuento de hadas, una implicación emocional tan indestructible que duraría toda su vida. Según contó Plutarco en la Moralia en cierta ocasión dijeron al rey que:
“el amor que sentía Crátero en nada era inferior al de Hefestión” Plutarco contó que Alejandro replicó dejando claro que eran dos amores muy diferentes: "Crátero, efectivamente ama a su rey, Hefestión en cambio ama a Alejandro" Según Quinto Curcio Rufo cuando Alejandro conquistó Babilonia y entró en la ciudad la madre del rey Darío confundió a
Hefestión con Alejandro y se postró a sus pies. Advertida del error se postró ante Alejandro que le dijo: “No te preocupes, madre. No has cometido ningún error. Él también es Alejandro”
Saunders (2007) escribió en su ensayo sobre Alejandro:
“El príncipe amaba a Hefestión, y este se lo debía todo a Alejandro. Su profunda implicación emocional de toda la vida se
consolidó durante esa época.”
[Etapa de educación en Mieza.]Leyendo la Ilíada, Alejandro se identificó con el heroico Aquiles y vio en Hefestión al malogrado amante de aquel, Patroclo. Ya fuese sexo, amor, o alguna indefinible interdependencia psicológica, la relación entre Alejandro y Hefestión fue analizada hasta el cansancio en la antigüedad y sigue siéndolo hoy en día. Desde sus comienzos en Mieza, su relación dio lugar a escabrosas reacciones. Olimpia odiaba a Hefestión por el control emocional que ejercía sobre Alejandro, y lo culpaba de la falta de interés de su hijo en las mujeres.”
Tras convertirse en rey Alejandro comenzaría una serie de campañas de conquista que no finalizarían hasta su muerte.
Alejandro, siempre acompañado de su fiel, devoto, amado e irreemplazable Hefestión, iba al mando de su ejército. La corta vida del joven monarca no fue fácil y aunque rodeado de guerras, escándalos, asesinatos, intrigas excesos y traiciones mientras estuvo a su lado su compañero Hefestión pareció ser feliz. Pero en 324 a. C. cuando Alejandro estaba en la cima de su poder, con su amante, compañero y amigo Hefestión a su lado, y parecía que iba a convertirse en un emperador feliz poderoso, invencible e inmortal como un dios, su idolatrado Hefestión cayó enfermo. Se especula que pudo enfermar de tifus, paludismo u otra enfermedad de las comunes de aquella zona de Asia, o incluso hay quienes piensan que fue envenenado. Para Saunders (2007) envenenar a Hefestión y dejar vivo a Alejandro, conocida la relación existente entre ellos, habría sido un acto suicida e impensable y de haber habido un asesino este tendría que tener una motivación muy poderosa y nervios de acero. Durante una semana estuvo muy grave bajo los cuidados de Glaucias, su medico. Al octavo día pareció mejorar y Alejandro asistió a unos juegos de atletas griegos. Hefestión empeoro de súbito, el rey fue informado y acudió rápidamente al lado de su amado, pero cuando llegó a palacio su reverenciado Hefestión ya había fallecido. La muerte de Hefestión lo dejó enloquecido y trastocado, Alejandro, que hasta entonces había resistido, como un semidios, casi impasible y sin inmutarse todas las carencias, privaciones, enfermedades y heridas posibles en su vida llena de guerras, de repente se derrumbó y se comportó como un simple mortal sufriendo un fortísimo shock sentimental, igual que todos los mortales que pierden a su pareja. El historiador griego Flavio Arriano escribió: “Se arrojó sobre el cuerpo de su amigo y estuvo allí casi todo el día presa del llanto y negándose a apartarse de él hasta que sus compañeros prácticamente lo arrancaron de su lado” Yació sobre el cuerpo de Hefestión un día y una noche, hasta que fue retirado a la fuerza; se tumbó en cama durante varios días, se negó a comer, beber y a hablar y los historiadores antiguos cuentan que sólo lloraba. Y cuando por fin se levantó remedó la acción del semidios Aquiles tras la muerte de su amado Patroclo y se afeitó la cabeza, pero además mandó rapar las crines de todos los caballos del ejército en señal de duelo, ordenó cancelar todo festejo en sus vastas posesiones, e hizo crucificar a Glaucias, el médico que había atendido a Hefestión, por no salvarlo. Además ordenó que se apagaran las llamas sagradas de Ahura Mazda, el dios persa creador del mundo, cuyas llamas sagradas debían arder eternamente ya que el fuego representaba al dios, apagarlas era un gran sacrilegio puesto que Hefestión no era rey. Y no contento con esto, ordenó la destrucción total del templo de Asclepio dios de la medicina y patrono de los médicos. Actos impropios de Alejandro, más propios de un amante despechado, que siempre fue temeroso y respetuoso con todos los dioses: propios y extraños. Cuando conquistó Babilonia encontró el templo del patrono de la ciudad, el dios Marduk, muy deteriorado y rápidamente mandó restaurarlo.
El intenso e incesante dolor se coló en la ciudad persa de Ecbatana donde estaba en ese momento. La muerte no sólo se había levado a su amado había cercenado y robado una parte importantísima del propio rey. La tradición griega regulaba que el muerto debía ser incinerado o enterrado pero el rey se negó a que Hefestión fuera sepultado o incinerado y mando que se le embalsamara ya que no quería enterrarlo en Ecbatana para él era fundamental poder conservar el cuerpo hasta poder realizar un funeral con todos los honores en la legendaria Babilonia. En Ecbatan, hoy llamada Hamadán, Alejandro, hizo erigir un león de piedra que indicara el lugar de su pérdida, el llamado león de Hamadán que hoy es una piedra desgastada, los lugareños la frotan con aceite porque según su creencia les ayudara a encontrar al cónyuge adecuado.
Según cuenta Diodoro para intentar aliviar sus penas el rey lanzó un ataque contra los coseos. Y tras vencerlos el soberano que casi siempre se había mostrado indomable pero clemente se mostró como un monarca riguroso e inclemente.
El rey sumido en un intenso dolor por la muerte de su amado se dirigió, mediante un intermediario, al Oráculo de Siwa, dedicado al dios Amón y situado en suelo Egipcio recién conquistado. En el, los sacerdotes, hablando en nombre del dios Amón informaron a Alejandro que Hefestión se había convertido en un héroe divino y, por tanto debía ser adorado como tal.
Envió el cadáver embalsamado a Babilonia para incinerarlo allí. Según escribió Saunders (2007) en su ensayo: “No se escatimaron gastos para los ritos fúnebres del compañero muerto. Dinero, artesanos, mano de obra y tributos afluían a Babilonia desde todo el imperio para el que tal vez haya sido el funeral más costoso de la historia. Se calcula que se gastó para la ocasión una cifra astronómica de alrededor de diez o doce mil talentos: puede que veinticinco toneladas de oro.”
Sin limitar el dinero, el rey, hizo realizar un mausoleo de madera, una verdadera obra de arte para ser quemada. Un monumento de más de setenta metros de altura dividido en siete pisos, para incinerar a Hefestión.

Diodoro lo describió así:
“En la base había proas doradas de [barcos] quinquirremes una junto a otra, doscientos cuarenta en total... En el segundo nivel había antorchas…en sus extremos inflamables había águilas con las alas desplegadas… En el tercer nivel había tallada multitud de animales salvajes…El cuarto…una centauromaquia [lucha entre dioses y centauros] tallada en oro…el quinto leones y toros también de oro. [El sexto contenía] armas macedónicas y persas. [Y el séptimo] sirenas huecas.”
Las excavaciones realizadas en Babilonia en 1904 descubrieron en la antigua ciudad la plataforma de siete metros de altura construida en ladrillos de barro para la pira funeraria de Hefestión pero no la urna con sus cenizas (Koldewey 1914). Luego, lejos de olvidar a su amado muerto, se embarcó en la construcción de un monumento funerario en honor de su querido Hefestión, digno de una gran divinidad. Monumento que no pudo construir, por que a los pocos meses él también murió.
En su libro “Curación emocional” David Servan-Schreiber (2003) cuenta:
“¿Quién no ha oído la historia de un vecino anciano que ha muerto pocos meses después que su esposa? ¿O el de una tía abuela que murió poco después de perder a su hijo? La sabiduría popular dirá que se les había <<partido el corazón>>”
“Cuando el cerebro emocional se desajusta, el corazón sufre y acaba por agotarse”

Personalmente creo que la muerte de de Hefestión partió el corazón de Alejandro y ayudó a que finalmente la enfermedad lo matara. Pues incluso para el invencible Alejandro vivir sin el aliento, soporte, sostén, y refuerzo emocional constante de su compañero Hefestión con el que había compartido prácticamente toda su vida debió de ser prácticamente insoportable.
En su testamento ordenó que el mausoleo a Hefestión se concluyera. Sus generales no cumplieron este deseo, quizás pensaran que era buena idea poner las cenizas de Hefestión en la tumba de Alejandro y así ahorrarse mucho dinero, pues el rey fallecido había planificado un monumento para su amado excesivamente caro. Sus generales que conocían la relación amorosa existente entre ellos, quizás pensaran que enterrarlos juntos para que siguieran unidos, como en vida, igual que los míticos amantes Aquiles y Patroclo, tan reverenciados por la pareja, era muy buena idea. Pues seguro que recordaban que años atrás ambos rindieron homenaje, totalmente desnudos, a los amantes en su tumba tal como narró el historiador Flavio Arriano.
El futuro faraón Tolomeo que conocía la relación amorosa entre ellos, y que sería luego quien enterraría a Alejandro en un mausoleo en Egipto, es probable que incluyera en la tumba, por deferencia a Alejandro, la urna con las cenizas de Hefestión. Pero si de verdad estuvieron juntos, es difícil que fuera para siempre. La momia de Alejandro se convirtió en una reliquia, utilizada,robada, traída y llevada durante siglos.
La historia del gran conquistador ha sido narrada en miles de documentos, casi siempre de forma irreal, sesgada e incompleta urtándole una parte importantísima de su persona, hurtándole su parte homosexual, tal como robaron el oro de su tumba, creando así un personaje imaginario, amañado y ficticio acorde a los principios homófobos de nuestra sociedad. Y jugando a ser dioses crean un falso personaje irreal y quimérico donde es más fácil encontrarlo locamente enamorado de su reina que de Hefestión. Para ello inventan una falsa amistad e ignoran su shock sentimental ante la muerte de su amado.
¿Alguien duda que el emperador Shah Jahan amaba profundamente a su esposa, Mumtaz Mahal, en cuyo honor construyó el Taj Mahal? Un hermoso y majestuoso mausoleo, un singular “Taj Mahal” quiso construir Alejandro en honor de su Hefestión, sólo y únicamente para su amado, para nadie más.
Por lo que todos los homosexuales, sin importar donde vivan ni la homofobia que impere, deben aspirar como Alejandro
a encontrar y amar a su Hefestión.

(Fuente: Extracto del libro: "Los secretos de la sexualidad humana al descubierto " http://issuu.com/promocio.libro/docs/sex)

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